jueves, 14 de junio de 2012

Sal de la pantalla.
Sal de ahí.
Ya quiero que estés junto a mi. Ya quiero que el tiempo necesario pase.
Ya quiero que te des cuenta lo que realmente sientes.
Tu corazón aún siente mi luz. Y esa luz se hará sangre. Y esa sangre servirá para salvarme cada ves que estés lejos de mi.
Como hoy.
Desde ayer.
No aguanto más la intriga.
El deseo de saber lo que realmente pasa.
Eres mi corazón ardiendo, mi carne sintiendo y mi sol brillando.
Ese sol que hace mi luz.


Nuestras manos se juntaron en el silencio.
No dijiste nada.
No dijimos nada.
Tus ojos se cerraron y en ese preciso instante imaginé nuestra vida asar.
¿Qué quieres?
¿Qué quiero?
Lo mismo. Ambos.
Pero tienes miedo, y en parte yo también.
Te conozco.

Que quede claro que sé lo que quieres.



Me encanta ver tus ojos brillar y reflejar un río de luz con cada mirada.
Cada día pienso más en ti, y es increíble depender tanto de mi imaginación.
No puedo dejar de mirarte cada ves que pasas y mi deseo de darte un beso crece más con cada segundo.
Te extrañaba.
Extrañaba tu boca perfecta que parece dibujada con un lápiz muy afilado.
Extrañaba tu risa, que es la melodía más linda que escuché.
Extrañaba tu extraño sentido del humor y tu singular manera de ver las cosas.
Extrañé eso siempre, pero no lo quería aceptar.
Me estás enamorando, un poquito más.

Ya me imagino todo.


Ya me imagino repleto de tu luz.